Si entendemos cómo se escucha prodemos ayudarle a volver a oír mejor.
Escuchar es un acto natural, pero el proceso es complejo. La audición comienza cuando las ondas sonoras son recogidas por el pabellón auditivo, se canalizan por el conducto auditivo externo hasta el tímpano, que vibra con cada sonido.
Las vibraciones se transmiten a través del martillo, yunque y estribo hasta la cóclea en el oído interno. Allí, las células ciliadas transforman las vibraciones en impulsos eléctricos que viajan al cerebro, interpretados como sonidos.
En Fonnoro, Centro Auditivo en Barcelona y Terrassa, te ayudamos a comprender qué factores pueden afectarla: pérdida auditiva neurosensorial, conductiva o mixta. La pérdida auditiva afecta comunicación, memoria, equilibrio y calidad de vida emocional. Por eso realizamos evaluaciones auditivas completas en Barcelona / Terrassa.
Sabiendo cómo funciona el proceso auditivo podremos actuar para tomar las medidas oportunas y resolver el problema.
En FONNORO nos encargamos de realizar un diagnóstico preciso y le indicamos las posibles soluciones para su caso concreto de pérdida auditiva.
Anatomía
Una de las funciones principales del oído es la de convertir las ondas sonoras en vibraciones que estimulen las células nerviosas, para ello el oído tiene tres partes claramente identificadas. Estas secciones están interconectadas y son el oído externo, el medio y el interno. Cada parte tiene funciones específicas dentro de la secuencia del procesamiento del sonido.
Oído Externo
Las vibraciones sonoras viajan por el aire en forma de ondas hasta nuestros oídos. Primero, estas ondas son captadas por la parte visible del oído, el pabellón auditivo, y luego se canalizan a través del conducto auditivo hasta llegar a la membrana timpánica.

Oído Medio
El tímpano, o membrana timpánica, vibra hacia adelante y hacia atrás siguiendo las ondas que llegan por el conducto auditivo externo, transmitiendo estos movimientos a los tres pequeños huesos del oído medio —martillo, yunque y estribo— que forman una cadena.

Oído Interno

PROCESO AUDITIVO
Las ondas sonoras recorren el canal auditivo hasta impactar en el tímpano, haciéndolo vibrar. Estas vibraciones mueven el líquido de la cóclea, que estimula las células ciliadas. A su vez, estas células transforman las vibraciones en señales eléctricas que viajan al cerebro, el cual las interpreta como sonidos reconocibles.
La pérdida de sensibilidad auditiva suele llegar sin avisar. Es un proceso lento y gradual, por lo que a simple vista puede pasar desapercibido. Cada día oímos un poco peor y, al mismo tiempo, nos vamos acostumbrando sin darnos cuenta.
Lo recomendable es realizarse una Evaluación Auditiva al menos una vez al año. Si no se hace, existen señales que pueden alertarnos, entre ellas:
- Problemas para comprender el habla
- Dificultad para seguir conversaciones con varias personas
- Necesidad de que repitan frases
- Volumen del televisor demasiado alto
- Abandono de actividades que nos gustan por sentirnos incómodos
PROBLEMAS DE PÉRDIDA DE AUDICIÓN
“Perder oído” no significa solo dejar de escuchar correctamente. El verdadero problema es que afecta nuestra capacidad de relacionarnos adecuadamente. Si no se trata, la pérdida auditiva tiende a empeorar, pudiendo derivar en sordera.
Además, la pérdida auditiva no tratada puede provocar deterioro cognitivo, que a su vez se asocia con estrés, aislamiento y depresión.
La mayoría de los problemas de audición se originan en el oído interno, siendo el envejecimiento natural la causa más común. No obstante, la exposición a ruidos intensos, ciertos medicamentos o lesiones en la cabeza también pueden afectar negativamente la capacidad auditiva.

Estas situaciones dañan las delicadas células ciliadas, interfiriendo en la transmisión de señales hacia los nervios auditivos. Aunque la pérdida auditiva del oído interno generalmente no tiene tratamiento médico directo, en la mayoría de los casos el uso de un audífono permite compensar este tipo de pérdida.
Normalmente, los problemas en el oído externo se deben a acumulaciones excesivas de cerumen o a infecciones del canal auditivo. Estos problemas suelen ser fáciles de solucionar, aunque actuar con rapidez es importante para evitar daños en la audición.

Entre los problemas más comunes que afectan al oído medio se encuentran la inflamación, la presencia de líquido detrás del tímpano, perforaciones del tímpano y la otosclerosis (rigidez de los huesos del oído medio). La mayoría de los problemas del oído externo y medio pueden tratarse eficazmente con métodos médicos o quirúrgicos. Cuando estos tratamientos no son posibles, el uso de un audífono permite compensar la pérdida auditiva permanente.
Se produce cuando la pérdida auditiva neurosensorial y la pérdida auditiva conductiva ocurren simultáneamente en el mismo oído.
El tratamiento del componente conductivo puede ayudar a reducir el grado de pérdida auditiva, aunque la pérdida neurosensorial subyacente permanecerá.

Hipoacusia
La hipoacusia es una disminución parcial o total de la capacidad auditiva que puede afectar a uno o ambos oídos. Puede estar presente desde el nacimiento o desarrollarse a lo largo de la vida debido a múltiples causas, como la exposición prolongada a ruidos intensos, infecciones, enfermedades degenerativas, envejecimiento o factores hereditarios.
La pérdida auditiva puede ser conductiva, cuando hay un problema en el oído externo o medio que impide la correcta transmisión del sonido, o neurosensorial, cuando el daño afecta al oído interno o a las vías nerviosas encargadas de procesar la información sonora. Este trastorno puede impactar significativamente la comunicación, el aprendizaje y la calidad de vida, especialmente si no se detecta ni se trata a tiempo.
En muchos casos, la hipoacusia puede gestionarse mediante audífonos, implantes cocleares o intervenciones médicas específicas, según el tipo y la gravedad de la pérdida auditiva. La detección temprana, los controles periódicos y la protección frente a ruidos fuertes son fundamentales para prevenir su progresión y mantener una buena salud auditiva.
Hiperacusia
La hiperacusia consiste en una mayor sensibilidad a los sonidos ambientales, de modo que muchos de ellos pueden resultar molestos o incluso dolorosos para la persona.
Este fenómeno se observa, en mayor o menor grado, en algunas hipoacusias neurosensoriales. El rango dinámico de audición de la persona —desde el umbral mínimo de percepción hasta el punto en que los sonidos se vuelven molestos— es inferior al de un normoyente, situándose en menos de 70 dB. Para comparación, una persona con audición normal tiene un umbral de molestia superior a 120 dB. En casos de hiperacusia, el umbral se encuentra por debajo de 100 dB, por lo que sonidos incluso moderados pueden resultar incómodos o dolorosos.
Consecuencias de la pérdida auditiva
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Cansancio
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Fatiga
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Dolor de Cabeza
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Vértigo
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Vergüenza, baja autoestima, culpabilidad e ira
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Pena, tristeza y depresión
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Inseguridad, desconfianza y aislamiento
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Problemas de concentración, ansiedad y estrés
